El Juez



En esta fría mañana, mientras hago antesala para una audiencia con el ministro de la Segunda Sala, casualmente me encuentro con mi colega Iván Schuster que también anda haciendo trámites en tribunales. Después de saludarlo y hacernos comentarios triviales, le pregunto:

¿Conoces al nuevo ministro de la Segunda Sala?

¿Te refieres a Alamiro Ardiles?

—Sí, ocurre que tengo que exponerle un caso de desaparición forzada y no sé cuál es su sensibilidad respecto de estos temas, tú sabes que ha habido ministros que usaban formularios preimpresos para agilizar el rechazo a los recursos de amparo, y me preocupa que este caballero sea de ese tipo de magistrados.

—Entiendo. Y permíteme que me explaye un poco, porque creo que te conviene conocer bien al personaje antes de tener su audiencia. Lo conozco desde que éramos cabros chicos en la escuela de Melipeuco. Allí, en medio de la vegetación, con inviernos lluviosos y fríos, compartíamos con compañeros con distintas costumbres y forma de hablar. Alamiro provenía de un hogar humilde y desde niño se manifestó la forma de ser tan especial que lo ha caracterizado siempre. Una anécdota antes de ir al grano y que lo muestra de cuerpo entero: su vocación por la justicia es tal que, a pesar de ser muy bueno para la pelota, a veces prefería arbitrar antes que ser jugador de cancha.

Me imagino que cuando jugaba lo hacía como defensa —dije, suponiendo que un juez tiende a evitar goles más que a hacerlos.

Así es me contestó—. Es más: aparte de su sentido de justicia, su otra pasión es justamente el fútbol. Tanto así que coloquialmente usa analogías referidas a la “pelotita” para lo que sea, incluso cuando hace comentarios en medio de una audiencia.

 >>Como soy mayor que él, un par de años después me lo encontré en el liceo en Temuco. Yo vivía con unos tíos y él ingresó como interno. Al parecer tuvo que aprender a adaptarse a las nuevas circunstancias, lejos de su familia, con un régimen de horarios, y de algún modo asimilar que no todo es compartir, como era la vida del pueblo chico. Aquí tuvo que aprender a competir y defenderse hasta de las cosas más insignificantes.

Este fue el momento en que conoció lo que son los empujones y las patadas en las canillascomenté, pretendiendo imitar al magistrado con sus analogías futboleras, a lo que Iván me contestó que estando en su presencia podría hacerlas también, pero con prudencia, ¡y que no se me ocurriera hacer un comentario pasado para la punta sobre el Colo!

La otra cara de la moneda —prosiguió Iván—  es que hubo profesores que lo marcaron, abriéndole la mirada a otras realidades y épocas. Según me enteré posteriormente, la elocuencia y claridad con que expresaba sus ideas hizo que fuera unánime la decisión de quién sería el encargado del discurso de despedida en representación de sus compañeros, el día de la graduación.

Por lo que veo, se despidió del liceo con la jineta de capitán del equipo —acoté.

Nos volvimos a encontrar en la Escuela de Derecho en Conce, y según me contó en ese entonces, al comienzo le costó estar aún más lejos de su familia, tener que solucionar por su cuenta los problemas de alojamiento y alimentación y manejar la libertad y diversidad que te permite la vida universitaria. Al cabo de algunos meses ya lo veía seguro y confiado, se había adaptado a la gran ciudad y su rendimiento académico hacía prever que no tendría problemas en aprobar las asignaturas del primer año. Así es que se daba tiempo para participar en cuanta actividad le ofrecía la universidad, incluyendo la política, que le atrajo en un primer momento, aunque después la miró con distancia. Fue por ese entonces que tal vez su ideal de justicia lo sintió más en la judicatura que a través de la acción política.

>>Como nos ha pasado a todos al egresar de la carrera, la obtención del título no estuvo exenta de dificultades, pero sus esfuerzos fueron compensados y finalmente lo logró. Al comienzo del ejercicio de la profesión empezó tramitando posesiones efectivas, compraventa de propiedades y asesorías a pequeñas empresas cooperativas, y como yo me dedico solo a causas civiles, en varias oportunidades acudió a mí para solicitar ayuda. Al cabo de un par de años se había casado con una compañera de la universidad y por esa misma época presentó su postulación para ingresar al escalafón judicial.

>>Según él mismo me contó años después, debutando como juez en una pequeña localidad que no recuerdo, pero era al sur de Temuco, debió atender causas de todo tipo, dedicándose por completo a su familia y a hacer su pega. No hacía vida social y eso le trajo más de algún problema cuando rechazó la invitación a incorporarse al Club donde se juntaban los poderosos del pueblo, y esta animadversión aumentó cuando posteriormente falló en contra de uno de ellos en un juicio de corrimiento de cercos.

No debe ser fácil jugar de visita con el público en contra —comenté.

Su paso por esa localidad se le hizo más complicada cuando ocurrió el golpe, ya que, estando el país en estado de guerra interno, nada podía hacer frente a los allanamientos, encarcelamientos y traslados con destino desconocido de dirigentes políticos, sindicales y vecinales. En todos estos operativos delataron, prestaron sus vehículos y pusieron plata los mismos ricachones que lo habían invitado y que él había rechazado para ser parte del Club Social.

Por lo que me dices, la coyuntura política lo puso en la tribuna a mirar la tragedia que ocurría en la cancha —dije, con algún grado de preocupación por el caso que debía exponerle.

Al cabo de unos cuantos años me lo volví a encontrar acá en Conce. Esta vez había accedido al cargo de secretario de un tribunal de primera instancia y me dijo estar satisfecho de tener mejores alternativas para la educación de sus hijos. Pero ahora le tocó ver de cerca cómo se ventilaban las cosas en la administración de justicia con el “besamanos” en la postulación a cargos, los alegatos de pasillo, el nepotismo para llenar determinados cargos, los favores para lograr un fallo favorable, las pérdidas de expedientes y el abuso de poder en general. 

Era como esos partidos en que el resultado ya está arreglado con los árbitros —dije, confirmando algo que todos sabíamos que ocurría en el edificio de tribunales.

Sin opción de hacer algo contra todo esto que lo violentaba, de vez en cuando se permitió hacerme algunos comentarios que denotaban su conflicto interior entre cuidar su carrera o actuar de acuerdo con los dictados de su conciencia. Mientras tanto se concentró en hacer bien su trabajo, dar testimonio resolviendo, en la medida de sus posibilidades, de una manera distinta a como se estilaba en esos días.

Es como no ser regalón del entrenador, pero igual hay que seguir sacándose la mugre en los entrenamientos esperando la oportunidad de ser incluido en la nómina del siguiente partido dije, imaginando ese equilibro frágil cuando se está entre la espada y la pared.

Para el plebiscito de 1988, optó por el bajo perfil con que había llevado su carrera hasta la fecha, y que le había permitido no exponerse a problemas con sus superiores. Su actitud distante y en apariencia descomprometida en ese momento histórico le valió críticas de sus cercanos, incluso yo y su familia, que le reclamamos algún gesto en momentos tan decisivos.

>>Con la vuelta de la democracia las cosas no habían cambiado mucho. Como es de tu conocimiento, los “supremos” se atrincheraron en contra del nuevo gobierno intentando defender sus privilegios y la opacidad y discrecionalidad de sus fallos, pero lentamente la situación empezó a cambiar cuando los medios de comunicación, ahora sin censura previa, informaron de hallazgos de cadáveres, lugares de detención y tortura. Como algo previsible en este proceso de renovación de la judicatura, nuestro buen amigo llegó a la Corte de Apelaciones, y como ocurre habitualmente, su ascenso no estuvo exento de las “audiencias privadas” con los ministros encargados de la selección. Con esto no quiero desconocer su larga trayectoria con calificación en lista 1.

>>Pero, como debes estar al tanto, porque es tu pega, por esos días ocurrió que Gladys Marín en su calidad de esposa de un detenido desaparecido, presentó la primera querella criminal en contra del dictador y, contra todo pronóstico, ésta fue acogida por una sala de la Corte Suprema. La causa 2182-98 fue decisiva para que los más de diez mil recursos de amparo que al momento de su rechazo aparecían como un esfuerzo inoficioso e inútil, ahora eran una valiosa documentación que respaldaría los cientos de querellas que se activaron en adelante. Ya no valían las prescripciones y amnistías para los crímenes de lesa humanidad.

Eso fue un gol de media cancha de la Gladys —respondí con entusiasmo.

Yo creo que Alamiro estaba consciente de que a lo largo de su carrera profesional no había sido precisamente un héroe de la justicia, que durante muchos años vivió en la cuerda floja entre cuidar su carrera o expresarse de verdad, de no poder conciliar sus orígenes humildes y las posiciones de poder que había logrado alcanzar, pero interpretó —creo que correctamente— que este fallo le daba la oportunidad de terminar con esa contradicción que lo había acompañado por tantos años.

>>Recién asumido en estas nuevas funciones, fueron varios los sumarios reabiertos que fueron a parar a su escritorio, y la verdad es que se notó el cambio de mano, pues en muy poco tiempo firmó muchas órdenes de investigar, interrogatorios, y algo para mí muy relevante: se ha entrevistado con un sinnúmero de familiares de las víctimas.  

¡ahora nuestro Alamiro entró a la cancha a dar vuelta el partido! —concluí.

Espero que te vaya bien con el alegato … ¡Y que gane el más mejor! —se despidió mi colega.