Buenos días. Muchas
gracias a la Escuela de Periodismo por la invitación a este seminario en el que
se nos ha propuesto narrar, desde nuestra particular mirada de comunicadores, cómo
vivimos durante los 17 años de dictadura.
El vespertino en
que trabajaba, Ultima Hora, desapareció el mismo 11 de septiembre, y después de
una cesantía de 10 meses me contrató la Radio Carrera, que era una de las
últimas emisoras sobrevivientes en el dial AM. Trabajé
en el departamento de prensa y, por largos años, mi labor consistió en andar
con una pequeña grabadora, haciendo interminables esperas
en el edificio Diego Portales por si hablaba algún miembro de la Junta o alguno
de sus adláteres.
Los colegas que me
han antecedido han dado cuenta del impacto del golpe de Estado en el cierre de
medios, la censura, la persecución a colegas, y la desinformación. En esta presentación
hablaré de las declaraciones que se difundían monótonamente en prensa, radio y televisión,
y que hoy viviendo otra realidad nos parecen tan absurdas, ridículas,
irrespetuosas y vulgares. Pero era lo que vimos, escuchamos y leímos como parte
de la pauta noticiosa de ese entonces. Vivíamos en un periodismo con preguntas
que no se podían hacer, de respuestas que no respondían a la pregunta, o de
respuestas sin posibilidad de contrapreguntar.
Permítanme decir
que las palabras anticipan o explican los hechos, y si nos fijamos un poco más
en su forma y contexto, revelan más de lo que específicamente se está diciendo,
y en última instancia, reflejan la esencia de quien las expresa. A continuación,
les presento algunas de las declaraciones de los mandamases, a quienes, por
respeto a mí mismo, o simplemente por superstición, no los llamaré por sus
nombres. Simplemente los identificaré por el accesorio que se colocan en la
cabeza.
Partamos por Gorra
Blanca que cada martes se lucía diciendo lo que le venía en gana. La expresión
máxima de su filosofía era poner a sus opositores en una categoría infrahumana:
los humanoides, “que son los marxistas
ateos, que no creen en el espíritu, y que son los responsables de cualquier
desgracia porque siempre están conspirando”.
Su explicación del
exilio la fundamentaba en su exégesis bíblica, cuando afirmaba que Dios envió
al exilio a Adán y Eva por “portarse mal”,
y como Dios es omnipotente e inteligencia perfecta, por decirlo de algún modo,
el exilio tenía un profundo significado divino.
Por supuesto el
mismo Gorra Blanca, como buen cristiano, pensaba que la reconciliación era posible,
pero era un problema de fe: "habría reconciliación si los humanoides creyeran en el alma
inmortal; si no, seguirían humanoides y no habría reconciliación"
Estos Gorras eran tan
calificados intelectualmente que cualquier problema les era de fácil solución.
Bastaban 15 minutos de lectura cada noche para compenetrarse de materias
filosóficas, de historia política, o bien mediante el hobby de leer sobre
economía en la Enciclopedia Británica se estaba en condiciones de dirigir la
economía del país.
Cuando estos bienintencionados
servidores de la patria eran sistemáticamente hostilizados por el comunismo
internacional con el tema de los derechos humanos, ellos debían salir a
defenderse y hacer claridad a la población sobre su posición política: “no nos oponemos a las ideas, a lo que nos
oponemos es a que se difundan y que traten de aplicarlas en el país”. En
otros momentos directamente los negaron con otras joyitas como: "Yo no conozco eso de los derechos
humanos. ¿Qué es eso?", o "Los
derechos humanos son una invención, muy sabia, de los marxistas".
Conclusión: puedes tener las ideas que te parezcan en tu cabeza, pero de ahí a
expresarlas, eso es otra cosa. Así al menos lo estimó el que aseguró: “Entonces cuando la democracia se pone
democrática, ya no sirve exactamente”.
Y para que no
quedara duda, otra vez Gorra Blanca: “Detrás
de todo esto, y eso a los chilenos se les olvida, está el comunismo moscovita
que no ha podido ser derrotado ni en Italia, ni Francia ni en Alemania”.
Este país si lo había logrado “mal que
les pesara a los tontos útiles como los Kennedy”.
Claro, como somos “una raza de cristianos, blancos y
occidentales que quiere ser única en
esta parte del mundo, es envidiada por muchos países, y es hostilizada por lo
más grandes”. … es decir, éramos tan macanudos que nos
tienen envidia chicos y grandes.
Con su acabado
conocimiento del marxismo, Gorra Gris hizo un paralelo entre el paso del
sistema burgués al comunismo a través de la dictadura del proletariado,
afirmando que no nos podíamos escapar de tener que pasar por la “dictadura de la democracia”, aun cuando
no les guste a algunos.
Tal vez fue una
expresión de la dictadura de la democracia el modelo económico que se impuso a
rajatabla: todo se explicaba y justificaba con números. La economía es una
ciencia objetiva y por lo tanto es consistente esta afirmación de Gorra Gris: “Los ricos son los que producen plata y a
ellos hay que tratarlos bien para que den más plata”. Claro que él no
llevaba velas en este entierro, pues afirmó con toda convicción: “Este es un gobierno honorable, por eso es
que el pueblo chileno nos apoya y cuando yo tenga que irme llegaré hasta la
notaría y retiraré mi sobre con mis haberes, nada más. Incluso a lo mejor me
voy con menos de lo que tenía cuando subí a este cargo”.
Por el lado de las
explicaciones, hubo muchas que hacían pensar que las mentiras de la infancia
habían permanecido por largo tiempo al interior de sus gorras. Para justificar
el toque de queda se dijo que era para “facilitar
la limpieza de las calles”, y consecuente con el rol que le asignaba a la
familia, Gorra Gris afirmó: “el toque de
queda entre la 1:00 y las 5:30 es muy beneficioso para los chilenos, y durará
por largo tiempo, el padre llega temprano a casa y la esposa está contenta”
Reconozco que me
divertí mucho con el fallido viaje a Filipinas con vuelta a Chile estando en
medio de la ruta. El problema era explicar la razón de este bochorno, y la
respuesta de Gorra Gris fue más o menos la siguiente: “dos guardias que lo iban a cuidar en su estadía en Manila se habían
vendido a los comunistas por cien mil pesos filipinos para asesinarlo o
permitir que lo asesinaran” …. y como soldado que arranca sirve para otra
batalla, volvieron de inmediato a Chile.
Respecto de Gorra Azul,
en su debut dejó una cuña que tuvo un alto impacto sobre la “extirpación del cáncer marxista”. Lamentablemente
unos pocos años después, Gorra Gris se encargó de que no continuara con tan
noble misión. El que lo reemplazó fue más cuidadoso con sus palabras, y solo el
día del plebiscito dejó su cuña cuando irónicamente respondió: “¿Y por qué no traemos champaña para
celebrarlo?” cuando el gobierno aún intentaba desconocer su derrota en el
plebiscito hablando del “orgullo por el
alto porcentaje obtenido”.
Y sobre Gorra Verde,
en realidad dijo muchas cosas chistosas, pero de poco impacto. Sus palabras no
antecedían a los hechos ni los explicaban, solo eran el reflejo de su ser, de
su modo de vida, de su historia personal. Tal vez dentro de su simpleza había
algo de sentido común, cuando afirmó: “Si
los ricos fueran solidarios a lo mejor no serían ricos, digo yo”. El
día de su retiro de la junta de gobierno por su responsabilidad en uno de los
asesinatos políticos más atroces de esos años, Gorra Verde registró la frase
con la que pasó a la posteridad: "se
desgranó el choclo".
Si los jefes se
permitían decir todo tipo de barbaridades, era de esperar que su círculo
cercano hiciera lo mismo. Por ejemplo, cuando vino la crisis post 1982 un
economista optimista declaró: “La
recesión tiene su lado bueno, está imponiendo sobriedad y realismo, le da un
sentido de sacrificio a los pobres”. Otro economista más práctico afirmó
que si los empresarios lecheros estaban en problemas, pues “que se comieran las vacas”.
La esposa de Gorra Gris,
también opinó en los momentos de la crisis: “En la época de bonanza cuando pasearon, gozaron bastante, compraron
joyas, lindas casas… y ahora lloran. Que lloren. Se lo merecen”.
También participó
de esta borrachera de palabras una fiel seguidora que por esos días usaba
corona, y aprovechando su exposición mediática después de ganar el concurso
Miss Universo declaró respecto del baleo en la cabeza a una joven estudiante de
música que protestaba frente al Teatro Municipal: “Para qué se mete en problemas, para qué se va a alegar ¿sabía que le
iba a pasar eso? ¡A lo mejor sí! Y mira lo triste que tengo que decir, pero a
lo mejor hay mucha gente que está contenta porque pasó esto, porque da algo que
decir”.
Pero debo señalar algo
más: toda esta palabrería contó con la complicidad de algunos periodistas muy promovidos
por el régimen. Eran los que siempre tenían un lugar preferente en la rueda de
prensa, y que actuaban como verdaderos apuntadores en esta obra profundamente
dramática pero cubierta con un velo de comedia.
Bueno, estimada
audiencia, mis colegas que en ese entonces cubrieron el área de tribunales y
policial, probablemente tendrían mucho que agregar, y podríamos estar un largo
rato repasando toda esta verborrea. Me he detenido en comentarlas porque más
allá de que estas declaraciones fueron un motivo de risa en momentos tan duros,
en realidad no eran meros dichos: era la notificación de hacia dónde llegarían
o la explicación, absurda por supuesto, de cuáles eran los verdaderos motivos que
tuvieron para hacer lo que hicieron. Tal vez la declaración que muestra fielmente
lo que sería la dictadura, la hizo Gorra Gris el mismo día del golpe al ofrecer
al presidente derrocado un avión que “se
caería cuando vaya volando y nunca llegaría a su destino”.
Muchas gracias por
la invitación, por haberme escuchado y por permitirme descargar un poco la
rabia e impotencia contenida durante largos años al tener que escuchar, grabar y difundir de primera fuente tanto abuso
verbal y tanto desprecio por la inteligencia.